Los vecinos de la calle Ramón y Cajal, donde residía la última víctima de la violencia de género, mostraban esta mañana su indignación por lo sucedido y, aunque muchos no querían hablar del presunto autor de los hechos, reconocían que habían escuchado anteriormente gritos y discusiones. Los residentes en el mismo portal no querían hablar del joven, que algunos calificaron como "muy chuleta", y una mujer ante la insistencia de los periodistas respondió que "no quiero saber nada de ese individuo".
Otra mujer que vive frente al domicilio donde se cometió el homicidio reconocía que en varias ocasiones se escuchaban gritos en el domicilio, pero afirmó que no se esperaba "que el joven llegase al extremo de matarla" porque, "que yo sepa, no era violento y su madre es majísima".
Los vecinos señalaban que el detenido ya había tenido problemas con su anterior pareja, una mujer de origen latinoamericano con la que tenía una hija a la que en ocasiones cuidaban los abuelos paternos.
También destacaban que a la mujer asesinada, una joven de 26 años de origen africano, no se la veía mucho, "alguna vez la veía en el balcón fregando desde la cocina, pero salía poco a la calle y cuando salía iba con peluca", recordaba una vecina.